Atesoro algunos recuerdos:
tus piernas avanzando hacia a mi, aquella tarde de abril...
Tus labios, un rayo, una tormenta y yo un poco mojado y perfumado.
Atesoro aquella noche de amantes...
Tus senos, mi sexo, el tuyo, el nuestro...
Dormida tú, sobre mi ser y yo dentro del tuyo...
todo quemaba.
Atesoro el balcón y mis plegarias hetílicas, cual Romeo en Yerbas Buenas...
Atesoro un gran capital de amor y odio
que se con-funden y funden
en tu voz, caricias e insultos.
Atesoro el momento preciso de haber dicho:
"acepto", nos aceptamos...
pero no nos re-fundimos...
Atesoro, en la tempestad, haber concebido una vida,
en la playa verde de laguna,
después de tantos intentos.
Atesoro mi libertad, no la tuya, puesto que no quepo.
Atesoro la nuestra, la que nos vistió de sexo y amor,
aquella que nos vió hacer
el amor en las escalas, en los pasillos,
en la arena, trás las puertas,
en el palacio de justicia,
en los lugares más extraños,
en sitios confusos.
Atesoro el último encuentro y
el abrazo poderoso, tierno
y hasta el beso fallido...
Declaro que el tesoro es mio.
Finalmente, gané un poco de creación y decepción...
Atesoro el abrazo en la cocina por encima de tu rostro
y tus manos en mi sexo, cómplices y tiernos...
Atesoro los juegos de conocernos, re-conocernos en la cama...
fantasías y falacias con la luz apagada preguntando tu nombre
y qué haces por aquí...
Atesoro mi amor tremendo (palabra que siempre te gustó)
y el aroma de nuestros cuerpos y el sexo de madrugada
fundidos en sábanas, en ropas, y el aroma de tu sexo
en mis manos al trabajo...
y yo bajando por tus piernas a des-horas...
Atesoro un compás sonoro de odio y tempestad...
¿Qué atesoro cuando atesoro?
¿Qué odias cuando tanto amaste?
Finalmente nada atesoraste... nada, nada
MI TESORO
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