SURA
Tras esa luz, de aquellas que encandila el alma,
estabas tú
Dueña del tiempo, ironizando casi desnuda de ternura
Como diosa cronos te quedaste ahí de pie, apuntando a mi corazón desnudo
De hombre vívido de cáliz amatorio
Tras esa luz esta la mujer certera de noches eternas y sol
En las playas más pretéritas y recónditas
Así descubrí, quizá, tu sexo, intenso y cálido
Porque nadie se lo esperaba al comienzo del ocaso de varias
Décadas desencadenadas y lúgubres de batallas
Entre tinto ensangrentado y copas rechinando
De noches en tu cama con sábanas blancas y sudor
Marcadas de sexo, como un papel que se revela frente a la química magia de la fotografía captada por las pupilas de capilares abiertos como tus piernas abrazando mi espalda cansada
De vidrio incoloro se muestra un trozo de tu vientre suave y puro
Para estas manos que se niegan a tocar otro cuerpo que no sea el tuyo
De vapores mustios y longeva certidumbre de haber amado lo vivido y regurgitado a la bestia
Debo volver a epicentro del amor para recolectar mis trozos acabados para que este poema no posea más de mil caracteres sin sentido
Debo maquillar la herida con tus pétalos de girasol duradero y besos húmedos
Debo tanto que siento morir en el intento amatorio de satisfacer la oscura hendidura de mujer y mis venas explosionan hasta sentir lo más íntimo de esta vida corroída y hermosamente impertinente que se nos desnuda a ratos
Desde lo más intimo replico emociones únicas que tatuaré en mi piel para cuando sople el viento y desgarre de raíz este sentimiento, así no quede duda alguna de haber sangrado poesía y ácidas llagas imperecederas
Nunca debí acabar este poema … nunca … la suma de la baraja es insuficiente y cruel … me quedaré con un trozo de tu piel en mis uñas y te invocaré cada noche de luna nueva y diré tu nombre en la ventana con cáliz de tu sexo.
Los amantes se abren paso en las tinieblas …
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