I
Un día tomé tu mano,
me precipité a tus labios
y...
me encuentro con la sabia de la vida...
Un día te vi de costado
tu cuerpo holgado
y mis labios te nombraron
otra vez...
Un día te vi a los ojos
Y eras vos
la de ojos negros, profundos,
Que algo me decían...
Un día, mi negra,
Te besaré los labios,
Me dejaré caer en tus brazos,
Te haré parte de nuestras vidas...
Y será ese día, el eterno, el espontáneo,
El perenne que me dirá que despierte,
Que no eres mía, que eres de otro,
Y que tus labios fueron sólo un sueño,
Un momento... y que tu cuerpo no sufre
Por mi... que tus labios no pronuncian mi nombre...
Pero ese día... te haré mía...
Ese día tomaré tu mano y me
Precipitaré a tus labios...
II
Hoy te veo por las calles y
Tu aroma me persigue
Y vos insistes en que hablemos,
En que “planifiquemos”;
Yo te evito, me haces daño,
Te deseo, me reprimo...
Por la culpa de aquel día...
Y el otro, y el que viene
y la otra vez...
Mi negra, cuándo será el día...
Que las luces no se posen más en vos,
Cuándo será el día que los sueños,
Húmedos, no lleven tu nombre...
Cuándo será el día que concreten mis
Labios ese instante...
III
Hoy acabé un poema,
Hoy acabé la magia de ese día
Y me precipitaré en tus labios...
y de eso no dudes jamás...
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